16 de noviembre de 2005

Michael Moore y la simbolización de la crisis EEUU (reducido)

MICHAEL MOORE Y LA SIMBOLIZACIÓN DE LA CRISIS ESTADOUNIDENSE
Diego Esteban Toscano – U.N.T.
diegotoscano@yahoo.com

Introducción
Contrariamente a todo lo que se dijo, si había armas químicas en Irak. Pero estas no estaban en manos de los iraquíes sino en las de los soldados norteamericanos que arrasaron la ciudad de Fallujah. Así lo prueba un reciente informe militar dado a conocer por un diario italiano. Pero esta noticia no hubiese trascendido de la manera que lo hizo sino fuera por la crisis política que envuelve al gobierno norteamericano y que amenaza tumbar en el corto plazo al Vicepresidente Cheney. Las encuestas de opinión dadas a conocer en Noviembre, en el primer aniversario de las elecciones en las que se reeligió a Bush, marcan una profunda caída en la opinión pública. La crisis política avanza a pasos agigantados y muestra de manera profunda la “incapacidad de la burguesía norteamericana para salir a tiempo y en forma de un régimen politico agotado (Bush) y del pantano de la guerra de Irak”1.
El presente trabajo aborda un análisis de la película "Farenheit 9/11” del director Michael Moore, como una instancia de simbolización de esta crisis, que ya se manifestaba abiertamente en todo el período previo a las elecciones de 2004.
Características de la crisis
La crisis política de EEUU tiene su base en la economía: la tendencia a la recesión cuyo primer factor es la desaceleración de la propia economía norteamericana desde fines del año 2000, con la pinchadura de la burbuja financiera del sector de alta tecnología. “El rasgo más importante de la presente crisis es la recesión sincronizada de la economía en EEUU, Europa y Japón. Japón enfrenta la crisis de los créditos incobrables…La industria de Europa marcha a la recesión y Estados Unidos intenta prevenir una recesión plenamente desarrollada”2. “La última vez que los países imperialistas enfrentaron una recesión conjunta fue durante la crisis del petróleo de 1973”3. La globalización del capital y la liberalización de los mercados (llamadas neoliberalismo) fueron el resultado de esta crisis y su intento de salida. Pero ahora esta estrategia no podría dar resultado pues ninguna economía capitalista avanzada puede jugar el papel de locomotora mundial.
En 2001 la economía de EEUU creció apenas un 0,7% contra un promedio de 5% en los años anteriores. La producción industrial en junio de ese año cayó por novena vez consecutiva acumulando la caída más grande en 19 años. La caída de los beneficios obligó al capital a desatar una ofensiva contra las masas y a un recambio del régimen político. En ese cuadro emerge la camarilla derechista de Bush como un factor de poder que pretende imponer por la fuerza este “cambio de régimen”. Ese es, precisamente, el contexto en el que debe analizarse la película de Michael Moore.
Una película contra Bush y contra los símbolos políticos.
La película ataca los símbolos del sistema político norteamericano: la presidencia, el congreso, las FFAA, los medios masivos, etc. Comienza con la supuesta victoria del candidato demócrata, Al Gore, en las elecciones del año 2000. La pregunta que semantiza la escena “¿Fue un sueño?” abre paso a una respuesta contundente: lo que mostrará la película es una verdadera pesadilla. La referencia es al fraude electoral con el que Bush se impuso. Moore denuncia que este fraude fue armado por el gobernador de Florida, Jeb, hermano de George W. y que fue avalado por la Corte Suprema de Justicia (“los amigos de tu papi”) y el Senado en su conjunto, con la sola oposición de un puñado de diputados afro-americanos. Este fraude es la primera instancia de la crisis política a la que hacemos referencia.
La asunción de Bush es relatada con el telón de fondo de las manifestaciones que hubo en su contra, los “huevazos” y “piquetes” contra su limousine, pero también con la actitud pasiva de Al Gore. Las elecciones legislativas que se habían realizado dos años antes, en 1998, habían mostrado que todavía existía un rechazo en la burguesía norteamericana a una opción de derecha. Sin embargo, la polarización social interna y sobre todo de la política mundial: el derrumbe del proceso de paz en medio oriente, la crisis del petróleo, las crecientes rivalidades interimperialistas y los derrumbes financieros, llevaron a un giro a un sector del imperialismo norteamericano que fogoneó la asunción de Bush y la impuso con métodos de fraude político. Sin embargo, la creciente división de la burguesía norteamericana lo convirtió rápidamente en un presidente débil, sin capacidad de acción. “Ocho meses sin avanzar” en los que perdió el control del senado y del proceso político. Las “largas vacaciones” de Bush en Texas, las imágenes jugando al golf que proyecta Moore son una expresión jocosa de esta situación.
El nuevo documentalismo se caracteriza por mostrar imágenes crudas, que son en si mismas denuncias. La imagen de las maquilladoras arreglando a la “plana mayor” para la televisión, es una denuncia a un modo de hacer política. De pronto, toda la pantalla se pone negra. No se sabe que pasa. Los ruidos de avión acercan algunas pistas. La incorporación de las imágenes de la gente común horrorizada, mirando para arriba el ataque a sus dioses, a sus símbolos que se caen, con las bocas tapadas por las manos (lo que no se puede decir), contrasta profundamente con la imagen de Bush en la escuela de Florida leyendo a un grupo de niños. Luego, el llanto, abre paso al horror. 3000 muertos, algunos de sus rostros, la reconstrucción del dolor por parte de su familiares. Hasta aquí, hechos conocidos.
Michael Moore definirá el ataque a las torres como el “ataque a los cuarteles generales, financieros y militares, de los EEUU”. Esta definición contrasta con las posiciones que distintos intelectuales brindaron en apoyo a Bush. Es, en sí misma, un nuevo atentado contra la nueva simbología norteamericana aún en formación.
La película continúa con una afirmación contundente: Bush lo sabía antes. Pero la película no profundiza en las prácticas de la inteligencia norteamericana, ni explica a fondo las relaciones entre la CIA y los talibanes, que apenas son referenciadas, sino que se detiene en las relaciones políticas de la familia Bush con las familias saudíes, incluida la familia Bin Laden, con el objetivo de demostrar que no hubo interés en el gobierno por indagarlos. El hilo conductor de esta denuncia está puesta en boca de un ex agente del FBI, difícilmente sospechoso de ser de izquierda.
Aquí el director apunta a llegar al espectador preocupado por la seguridad y que teme una amenaza terrorista, para oponerlo al “cómplice e incompetente de Bush”. Si el público supiera esto Bush no quedaría bien parado”. La denuncia avanza hacia otro símbolo del poder norteamericano, las corporaciones ligadas al estado. El ejemplo es Carlyle Group, una corporación que hace negocios con las fuerzas armadas y donde tienen acciones los grupos sauditas junto a la familia Bush. ¿Quién es tu jefe, el que te paga 400.000 al año o el que invierte en vos más de un billón por año? se pregunta Moore sin hacer extensivo este criterio de análisis al resto de los políticos y corporaciones de EEUU.
Una causa justa: Blood for oil
Efectivamente, la crisis del petróleo está en el centro del escenario. El objetivo estratégico del imperialismo norteamericano es el acaparamiento de las reservas de medio oriente. La película, sin embargo, presenta este problema de manera confusa: la invasión a Afganistán es presentada sólo como una excusa para comprometer al pueblo de EEUU en una posterior guerra contra Irak. El objetivo militar, según el film, fue siempre Irak. Pero la invasión a Afganistán cubrió otras necesidades imperialistas que se debatían incluso desde antes del 9/11: avanzar sobre las reservas de gas de Asia central (la corporación Unocal, sí señalada por Moore), establecer bases militares en los límites de la ex URSS, producir una reestructuración en el mercado mundial de heroína y provocar una rápida reacción interna contra los derechos civiles. A esos efectos, el congreso votó un presupuesto de guerra de 344.000 millones de dólares en nombre de la lucha contra el terrorismo.
El avance bélico sobre Irak, sobre el que el pentágono había opuesto un veto provisorio, solo fue posible ante los resultados contradictorios de la aplastante victoria militar de EEUU en Kabul: la imposibilidad de la permanencia de las tropas ante focos de guerrilla, el temor a una desestabilización total en medio oriente, la crisis de sus aliados saudíes y turcos para establecer una ocupación en Afganistán y fundamentalmente, ante la intifada palestina. Pero Moore no hubiera podido profundizar en este análisis sin toparse con los ataques militares llevados adelante por Bill Clinton contra Afganistán, también con la excusa del terrorismo, en 1998, situación que hubiera incomodado a un ala del partido demócrata aliada de Moore en la campaña. Por otro lado, la presentación cinematográfica irónica de la coalición que invadirá Irak, pretendiendo ser un cuestionamiento a EEUU, trasluce un resabio colonialista en un discurso contestatario y contrahegemónico.
La semiótica del miedo
“El terror apunta contra el pueblo norteamericano”. Moore precisa desde un primer momento su opinión: “si tienen miedo, todo es posible”. La película describe algunos de los mecanismos de guerra psicológica que desplegaron los servicios de inteligencia y los medios de comunicación, “es como entrenar a un perro”, “de vez en cuando, hay que crear miedo por si se olvidan”. El clima de miedo que se pretende crear apunta a establecer las condiciones para la firma del “Acta Patriótica”. Este tema es un icono en la película: Moore se sube a un carro de helados para leer a los legisladores una ley que, según dice, votaron sin leer y que autoriza el espionaje interno, la persecución de opositores, etc.
La política de seguridad es presentada como una “falacia” en tanto que existen fronteras de EEUU que no son custodiadas. La política represiva contenida en el acta patriótica “era una política que tenían de antes y que solo buscaron el momento para aplicarla”. El tratamiento que recibe el tema de la guerra apunta a ganar para la causa antibélica a sectores que en primera instancia apoyaron la guerra. La entrevista con la madre de un soldado, que apoyaba a Bush siendo una “demócrata conservadora” y que “odiaba a los manifestantes” hasta que su hijo muere en Irak (un momento de inflexión en el filme), la entrevista con un soldado, que se define como ex republicano, y con otro que sigue apostado en Irak con la conciencia de ser el destinatario del odio de los iraquíes y que “no esperaba estar tanto tiempo”, apunta a mostrar sectores que se van dando cuenta de la “verdadera” política bélica de Bush y de su fracaso.
Esta idea se refuerza mostrando las contradicciones en la que incurre Rumsfeld cuando habla de objetivos militares pero ataca a los civiles, cuando habla del apoyo a las FFAA pero le descuentan cuatro días del sueldo a un soldado porque en esos 4 días estuvo… muerto, cuando habla de liberar al pueblo iraquí pero sólo logra el odio enorme y el deseo de venganza. Moore apela, como se ve, a todo tipo de sensibilidades.
“La guerra es siempre en beneficio de una compañía”, asegura, mientras muestra a los accionistas de una empresa contando anticipadamente las ganancias que piensan obtener en la reconstrucción de Irak. La escena más aguda de denuncia al régimen político de EEUU se da cuando Bush habla a lo que define como “su base”, la elite millonaria más concentrada. “Las bases de la alta sociedad solo son posibles sobre la base de la pobreza y la ignorancia”, señala el locutor en off, al explicar el carácter permanente que asume la guerra “para mantener la estructura de la sociedad intacta” .
“Por principio una guerra es planificada por una minoría para la mayoría”. Esa mayoría son los sectores más postergados, los hijos de trabajadores, que no pueden ir a la universidad y a los que se engaña para que entren a las fuerzas armadas. El filme relata un proceso de reclutamiento de la marina sobre jóvenes humildes y mayoritariamente de color, y muestra cómo las fuerzas armadas digitan universos simbólicos de prestigio como maneras de cautivar jóvenes: el basquetbolista que surgió de las FFAA, o el cantante que fue Marine. Contrasta con el hecho de que, de 500 congresistas, sólo uno tiene sus hijos en Irak y que ninguno quisiera mandarlos allá. Este problema no es un problema menor, pues la resistencia a enrolarse ha crecido exponencialmente y actualmente se está debatiendo en EEUU la necesidad de volver a algún tipo de servicio militar obligatorio.
Esta idea, pretende mover a los sectores de clase media que no participan de la guerra: “Ellos, los que menos tienen, son los que van a la guerra para que no vayamos nosotros”, la utilización del “nos” inclusivo es una apelación al espectador de clase media que ya está del lado de Moore, pero del que se busca una actitud de mayor compromiso social.
Una película de campaña
Es imposible separar Fahrenheit 9/11 de las elecciones presidenciales de 2004 y de los escritos que Moore publicó en su sitio de internet durante esa campaña.
En “Mi primera semana con Fahrenheit 9/11” plantea un mensaje defensivo ante los ataques que recibió su film y pondera la masiva concurrencia a las salas: “este film es sin duda el documental que ha exigido las más completas investigaciones y las más minuciosas verificaciones de nuestro tiempo”, señala. En “Gira del levantamiento de los haraganes” intenta seducir a los 100 millones de abstencionistas y a los votantes de izquierda para que voten por Kerry. “Les pido que salgan de sus casas por media hora el 2 de noviembre y voten con tal de que Estados Unidos y el mundo puedan salvarse. (No estoy diciendo "salvarse" en el sentido de que, de ahí en adelante, todos los trabajadores logren el control de los medios de producción. Eso, mmh, va a requerir algunos años más.)” A su vez, pretende atemperar las críticas contra Kerry: “vuelvo a escuchar a algunos diciéndome qué candidato flojo que es Kerry y que no va a ganar... caramba, por supuesto que es un candidato flojo: es un demócrata, por Dios. Ese partido es tan patético que hasta pierden las elecciones que gana.”. En “Un día de reflexión”, se dirige de manera personal a distintos sectores solicitándoles que voten por Kerry.
Sin embargo, la película es más que un “recurso” de campaña demócrata, como la han catalogado algunos comentaristas de izquierda. En Fahrenheit 9/11, con un discurso directo y transparente, propio del nuevo documentalismo, se expone ante los ojos de grandes masas de espectadores imágenes y denuncias profundas y desconocidas. Sus limitaciones, entre ellas la de llamar a votar por Kerry, son las limitaciones de toda la izquierda norteamericana, que no pudo presentar en las elecciones de 2004, ninguna campaña independiente ni clasista. Sin embargo, de estas elecciones, el pueblo norteamericano salió mucho más politizado que antes y la película de Moore contribuyó de manera decisiva a ese proceso.





Notas:
1. Ortiz, José. Revista El Obrero Internacional, Nº 2, Bs.As. 2005.
2. Declaración del Comité de Refundación de la IVº Internacional, Revista Prensa Obrera, Nº728 , Bs.As, 2001
3. Idem.

Bibliografía:

 Bonfil Batalla, G. Identidad y pluralidad cultural en América Latina, Puerto Rico, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1996
 Rodrigo Alsina, Michel. Los modelos de la comunicación. Tecnos, Madrid, 1989
 Verón, Eliseo, La semiótica social, Gedisa, Barcelona, 1996.
 Said, Edward W., Crónicas Palestinas, Grijalbo, Barcelona, 2001.
 Oviedo, Luis, La crisis del petróleo, en En defensa del Marxismo Nº 29, Bs.As.,2001.
 Sitio de internet de Michael Moore: www.michaelmoore.com
 Diarios The Wall Street Journal, Ambito Financiero, Clarín, La Nación y Página 12, ediciones seleccionadas en el período 2004-2005
 Revista “El obrero internacional”, Nº 2 y Nº 3, año 2004 y 2005 respectivamente
 Revista “Prensa Obrera”, Nº728, Bs.As, 2001.